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24 horas menos para el día después del «coronavirus»

Confinamiento, dolor y alivio.

Cada día que pasamos en confinamiento es un sufrimiento y es un logro, una lección y un aprendizaje. Un drama y una alegría en aparente contradicción. Vamos del blanco al negro en cuestión de milisegundos; la vida y la naturaleza han sido siempre así, es un oxímoron. 

La novedad es la inmediatez que, mente a mente, convoca al desconcierto colectivo. Ante eso, miramos nuestras raices y nos preguntamos ¿nos hemos alejado del camino? 

Para los que no nos conocéis, Energy Flow Concept es una cooperativa de personas y familias: socios, clientes, colaboradores habituales -agentes libres- y puntuales. Agentes sociales y económicos que como tú, tratán de encajar el golpe.

Desarrollamos productos y servicios de consultoría de Energía y calidad del aire basados en el Triple Balance, que no es más que alinear los 3 ejes indisolubles de la economía:

  • Impacto social
  • Impacto económico
  • Impacto medioambiental 
www.triquels.com/blog/triple-balance
ilustración tomada de www.triquels.com/blog/triple-balance

     

 

La economía del Triple Balance

En 2015, Energy Flow Concept se lanzó al mercado con una visión: 

Conformar una red de consumidores y profesionales (prosumidores todos) que juega en equipo prestigiando nuestros oficios y venerando al cliente.  Somos prosumidores (consumidores «pro», simplificando) que compiten «compartiendo conicimientos y contactos».

Promovemos la descarbonización de la economía como medio para transformar nuestro entorno. De lo individual y local a lo global. 

En el mundo de la energía, la descarbonización (electrificar y compartir, en definitiva) es tremendamente rentable, y eficaz porque conlleva eliminar progresivamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI):

  • Mejora los costes económicos en movilidad, edificios y procesos de producción. 
  • Reduce la dependencia del exterior (de tu casa, tu negocio, tu comunidad, tu país)
  • Reduce el impacto ambiental de nuestra actividad social y económica (como eviencia la súbita mejora de la calidad del aire urbano en estos días de COVID-19).
  • Aumenta el bienestar social, al mejorar drásticamente la calidad del aire que respiramos, que dispara las muertes prematuras.
Economía es igual a ecología. 

Nuestras raices, el camino que decicimos hacer, están todavía más claros en estos días. Cabe, en todo caso, refinar nuestra posición…

La red de EFC trabaja para evidenciar que economía -administrar recursos escasos- es igual a ecología, pues nuestro entorno social y ambiental es un recurso escaso. Y compartido.

Defendemos que lo más ecológico que un agente económico puede hacer, es siempre lo más económico que se puede permitir.

La medida de su responsabilidad colectiva la definen su tamaño, sus medios, su impacto y su esperanza de vida.

Más al grano, los agentes económicos somos interdependientes: personas, familias, colectivos, organizaciones, instituciones y al fin, el sistema. Pero no todos los agentes tienen los mismos medios y responsabilidades. La capacidad de inversión y el plazo de amortización que cada agente económico puede soportar es muy variable.

Las instituciones, grandes empresas, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y las grandes fortunas tienen más responsabilidad, ya que pueden trabajar con cuentas de resultados a medio y largo plazo gracias a la confianza de millones de cosnumdiores individuales que, por diversas razones, han «comprado sus productos». 

Su compromiso por el desarrollo sostenible es crítico, ya que produce impactos directos: mejoras en el triple balance de su actividad e indirectos: amplían el campo de juego, ofreciendo a los «prosumidores» más confianza, más mercado, y por tanto precios más asequibles.

No se trata de una reinvindicación nueva, y por fortuna, tampoco es algo tan lejano. El gran capital ya ha asumido el desafío desde antes de esta criris, y debería arrastrar a los demás agentes. ¿Porqué? Por que es rentable económicamente si aplicas mirada larga.

¿Porqué han tardado tanto? La mirada «corta» y especulativa resultaba rentable ante un consumidor pasivo, confiado.

La crisis del Covid-19 ha llegado para desafiarlo todo

Estamos en guardia y trabajando intensamente con una sóla idea, cuidar la salud individual es un imperativo colectivo. Una certeza que desdibuja todo lo demás a cortísimo plazo. 

Maduramos por momentos, todos, y como es natural, ese cortísimo plazo pide:

Replegarse, proteger tu núcleo (confinamiento radical voluntario y por real decreto).

Y permite vislumbrar nítidamente el siguiente paso:

Prepararse, cual púgil contra las cuerdas, para responder con toda la energía física y mental en acciones rápidas; muy rápidas, uno-dos.

El cortísimo plazo

Por todo esto, desde hace semanas hemos refinado nuestras prioridades para sembrar una economía progresivamente más sana. Son nuetros pasos para impulsar el desarrollo sostenible que la vida precisa:

  1. Salud a en los edificios, para poder retomar nuestra vida.
  2. Empleo, para poder retomarla dignamente.
  3. Economía colaborativa, una red de agentes económicos en acción.
  4. Huella de carbono, un camino paralelo que refuerza salud, empleo y economía integralmente
Salud

Cada día tomamos alrededor de 7.000 litros de aire, frente a los 2’5 litros de agua que bebemos.

Como  anticipábamos en 2018, la calidad del aire en las grandes ciudades está comprometida debido a las emisiones de la movilidad (entorno al 32%) y los edificios (entorno al 30%). Por que queman combustibles fósiles (carbón, gasolina, gasoil, gas natural, biomasa, madera).

La calidad del aire es un binomio que durante esta crisis sanitaria se está revelando como trascendental para la salud y la economía. Jugamos con dos factores:

  1. Calidad de aire exterior. Para evitar que la contaminación mine nuestra salud a corto plazo y ser menos vulnerables en el largo.
  2. Calidad de aire interior. Ventilación real, eficiente y segura, que evite la difusión de partículas indeseadas.

De ahora en adelante, y no sabemos por cuanto tiempo, deberemos protegernos con mascarillas cuando estemos en ambientes no controlados, y expuestos al contacto social. Lo asumiremos, como lo hacen ya en otros países pero ¿será suficiente dentro de los edificios?

¿Cómo sería una «mascarilla» para edificios (más) seguros más allá del Coronavirus? ¿No es acaso una necesidad con y sin epidemias concretas?

El día después se acerca, pero ya sabemos que no será un día. Será el inicio de la gran transición hacia un nuevo -y deseable- enfoque de la economía y la ecología; la vida.

En los próximos días compartiremos estudios, datos, soluciones técnicas, reflexiones, prioridades para que nuestra red de consumidores y profesionales promueva:

  1. Un nuevo enfoque de la calidad del aire interior, para cuidar a los usuarios de todos los edifícios.
  2. Una decidida transición a la descarbonización de los edficios, para mejorar la calidad del aire exterior y los costes económicos de la energía.

 

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