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Cov-19, dando sentido al confinamiento

Salud, dinero y amor

 

No le demos vueltas, tres “bienestares” hay en la vida: social, económico y medioambiental. 

Y como siempre decimos, están intrínsecamente unidos. El bienestar social (salud, socialización) y el económico (gestión eficiente de los recursos) existen porque el medio ambiente provee los recursos. Es un ciclo virtuoso que no admite atajos. O sí, pero los penaliza.

A estas alturas no escapa a nadie que deteriorar el medio con planteamientos económicos y sociales “miopes” puede generar el caos.

 

Un vistazo rápido a la crisis del CoV-2 «coronavirus»

 

  • El deterioro medioambiental, en forma de mala calidad del aire en las ciudades, podría multiplicar la vulnerabilidad de la población, como plantea este artículo sobre un estudio nacional realizado en EEUU por el Departamento de Bioestadística de Harvard. 
  • Nuestros edificios son pulmones artificiales compartidos con nuestros propios órganos. Los sistemas de aire acondicionado, según apuntan estudios que tomamos con cautela pero van en dirección inequívoca, toman aire con carga viral por sus retornos y lo distribuyen por todo el espacio interior. Los sistemas de ventilación, mecánicos o manuales, toman aire del exterior con peligrosas concentraciones de gases nocivos. Cuando no ventilamos, acumulamos peligrosas cantidades de CO2…y volviendo al CoV-2 / CoV-19 / «Coronavirus», algunos estudios indican  –estudio realizado por la Universidad de Nebraska (EEUU) en 11 habitaciones por la con pacientes con síntomas leves- campa a sus anchas en objetos personales, mobiliario y aire. 
  • La velocidad de propagación de una epidemia impacta sobremanera en la economía a corto plazo en forma de PIB, desempleo y deuda. En China, por primera vez desde la revolución de 1976, el PIB ha caído ¡un 6,8%! en el primer trimestre de 2020.
  • Evidentemente, la resiliencia ante futuros episodios de este virus (invierno 2020-21) y otros que vendrán, requiere un “reseteo” sustancial en nuestros hábitos. Minimizar impactos implica adecuación de protocolos, certificaciones, normativas de espacios públicos, investigaciones médicas, etc. No es nada nuevo, la “higienización” de las ciudades en forma de murallas, saneamientos y otras estrategias es como poco una respuesta centenaria.
  • España cuenta con 48 millones de habitantes y se manejan cifras del 70% de contagio-inmunidad para considerar superada esta epidemia, no hay literalmente ningún habitante inmune a los efectos que a corto, medio y largo plazo, esta crisis va a tener. Sea en su persona o en su entorno social y laboral próximo. Esta crisis no nos iguala, pero nos puede unir decisivamente.

 

Medio ambiente, en la teoría

 

La ecuación que exponemos es simple: el medio ambiente es la fuente de todos nuestros recursos y no entiende tanto de territorios como de gestión pública, privada y familiar.

Sabemos que hay productos y comportamientos “ecológicos” que no son accesibles para toda la población, sea por su precio o por pura disponibilidad, pero concluir que lo “ecológico” no es en el fondo viable (sostenible) es demasiado simplista. Redefinamos el concepto, por pura salud.

“ECO” no es una imposición, y la mayoría de los productos “ECO” que nos venden podrían no serlo. Pero hay un camino sencillo, la evolución sostenida hacia una gestión económica -de mirada larga- de los recursos, que resultará inevitable y felizmente ecológica.

En definitiva, la economía (administración de recursos escasos) no es economía si no es ecología (gestión de recursos compartidos) y no existen excusas, como propone Kate Rawotth en su teoría del donut, de inminente apliación en Amsterdam, ¡estaremos atentos!

La calidad del agua, la tierra, el aire y nuestra capacidad para jugar en equipo con la naturaleza son los indicadores de sostenibilidad de nuestro estilo de vida, y para alcanzarla debemos estimular la inteligencia colectiva. Es un camino de consenso ¿verdad?

 

https://alexiscstudio.com/
Ilustración de Alexis Christodoulou.

 

Calidad del aire, en la práctica

 

Son tiempos de “achicar agua” para todos, pero como dicen los estudios citados, miles de papers científicos previos y el sentido común, la mala calidad del aire expone nuestra salud gravemente.

La causa es bien conocida: la contaminación generada esencialmente por la combustión fósil.

Quemar de forma ineficiente (se despilfarra en contextos residenciales, comerciales e industriales) recursos naturales finitos (para los que tenemos alternativas eficientes, que no generan emisiones en su proceso y provienen de fuentes renovables) es la principal causa de fallecimiento prematuro de 4,5 millones de personas al año.

 

¿Cómo dar la vuelta a esta situación?

 

¡Pues es más sencillo de lo que parece!

Cumpliendo las normativas existentes de calidad de aire interior, o mejorándolas. 

Es cierto que la normativa es cuestionable, no en vano excede en su exigencia -especialmente en España e Italia- la norma internacional y posiblemente el sentido común pero en todo caso… lo que ocurre es que ¡no se cumple

Multitud de edificios de uso público cuentan con los filtros obligatorios, pero los guardan en almacenes hasta que llega la fecha de la inspección, porque son tan “densos” y duran tan poco que:

    1. Aumentan el consumo de energía.
    2. Aumentan el coste de mantenimiento y renovación.

Igualmente, los edificios están obligados a realizar un análisis de calidad de aire anual por la normativa RITE,  pero en la práctica no se realizan.

No es una cuestión de salud pública ante una epidemia, es un problema estructural que genera problemas de salud a corto plazo (rendimiento, bajas por enfermedad) y a largo plazo (coste personal y económico de la vulnerabilidad a enfermedades y el bajo rendimiento).

Podríamos seguir dando ejemplos, pero no momento de constatar la evidencia (un edificio enfermo, nos enferma) si no de construir. La receta es simple: 

  • Analizar la situación actual de cada edificio de uso público.
  • Proponer medidas para la mejora de calidad de aire y salud viables para la sostenibilidad de ese edificio.
  • Monitorizar la calidad del aire interior, las emisiones (calidad de aire exterior) y el consumo de energía.
Estandarizando la medición, certificación, reducción y compensación de Huella de Carbono de organizaciones.

Tristemente, la inmensa mayoría de comercios y edificios públicos y privados despilfarran energía (sistemas poco eficientes, mal utilizados y mantenidos) y además postergan la renovación tecnológica hacia sistemas más económicos a medio y largo plazo. Eliminar ineficiencias económicas (contratos de energía sobredimensionados, coste de oportunidad por no producir energía propia) y energéticas (quemar combustibles que no son eficientes y contaminan el aire exterior).

Medir la huella de carbono nos permite personalizar el plan de acción de cada edificio y organización. Directamente revela las ineficiencias económicas que van a mejorar las cuentas de resultados a medio y largo plazo (¡bravo!) y a reducir las emisiones a corto plazo, lo que genera rápidas mejoras de la calidad del aire exterior, como muestran las fotos de Madrid sin boina en estos días de confinamiento (¡eureka!).

Como señalamos en el anterior post, la responsabilidad de estas medidas (1. Calidad del Aire Interior; 2. Descarbonización de edificios) debe comenzar por aquellos con más recursos, pero además, debe observar un orden de prioridad en forma de verdadero escudo social y económico.

En las viviendas pasa un poco lo mismo, pero ¿debe el consumidor con sus más reducidos recursos llevar la carga de inversión a corto plazo? Si, el que pueda permitírselo. Pero la mayoría no va a poder todavía, y liderazgo pasa por exigírselo a las organizaciones en las que confía.

 

Nuestro plan de acción

 

Prioridad 1, espacios que tenemos que usar hoy: Hospitales, residencias de ancianos, centros penitenciarios, centros de transporte, supermercados, farmacias, estancos, comisarías, etc.

Prioridad 2, espacios que necesitamos usar pronto: Centros educativos, instituciones públicas, oficinas, coworkings, hoteles, etc.

Prioridad 3, espacios que deseamos usar pronto: Gimnasios, peluquerías, comercios de hostelería y minoristas de todo tipo.

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